La carretera sembrada de prometedoras
flores de papel
iluminadas por las luces de la camioneta de mi padre,
abriendose a mis ojos de niño.
Todo era maravilloso
la noche
y sus infinitas estrellas
contandole historias a mi
imaginación,
música de fugaces hombres y mujeres,
de tornados de amor,
de colores,
de espíritus indios vagando por ciudades
monstruosas
Y la carretera
con sus flores
Y mi niñez
alimentándose de todo
El mundo invitando
a la búsqueda
al descubrimiento
(una doncella deliciosa
a pesar de mi inocente niñez)
Mientras tanto
los hombres conversaban
en la parte delantera de la camioneta
unos viejos sabios,
otros simples hombres
todos cubiertos de años que
nos distanciaban
y me hacían ansiar
cada vez más el mundo.
Yo los mareaba con mi
infantilidad preguntona,
respondían,
y Yo sentía el calor,
el fuego del conocimiento
que me llenaba
al mismo tiempo
que acrecentaba mi sed.
Nunca supe
cuantas flores de papel vivían en esa carretera
que me desligaba de la ciudad
Hoy,
Hoy solo veo caucho
y autos
y postes eléctricos devorando el cielo,
tomándose la noche,
y música despasionada ensuciando mis oidos
Hoy ya no quedan hombres y mujeres
hoy solo veo
carne eléctricamente reanimada.